Desde la almena

EL FONDO DE LA FE

“Dios no existe”, le dijo el hombre adulto con burlona petulancia, mas cuando vio el rostro aturdido y acongojado de aquel niño, sintió que más bien era él quien debería dejar de existir. Y esa sensación absurda de amor casi instintivo por lo más frágil, por lo pequeño e incontaminado, esa sensación repentina de anhelo por todo aquello que estremeciera remotamente su idea de inocencia, le devolvió confusamente la fe en Dios. 


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