Desde la almena

EL ORO DE DIOS

Todos los santos, aun conservándose pobres ellos mismos, han deseado siempre, y esforzado en consecuencia, que para las cosas de Dios se dedicasen los mejores y más bellos materiales de esta tierra. Y la razón de esta conducta no solo es compatible con el amor sino que es esencialmente necesaria en la definición del amor cristiano, que se olvida de las comodidades y afeites de si mismo para poder dedicarse mejor y dedicarle lo mejor a Aquel por el que se siente amado y al que él mismo ama. Si el santo piensa en su habitación, piensa en barro. Pero si piensa en la casa de Dios, piensa en oro. Porque su habitación es suya, pero la casa de Dios es de todos.

  Cuando dos personas contraen matrimonio se colocan mutuamente un anillo, antiquísimo símbolo de mutuo amor eterno. Ahora bien, ¿por qué ese anillo no es de plástico? ¿por qué no es de madera o de hueso? ¿por qué no es de latón o de oropel? Porque solo el oro posee las propiedades que los mismos amados desean para su amor. No se trata de una riqueza monetaria, sino de un valor espiritual reflejado mejor en ese metal que en cualquier otro. El oro es el más precioso de todos los metales, ¿y no aspiran los amados a que su amor sea el más precioso de todos los amores? El oro puro nunca pierde su brillo, ¿y no aspiran los amados, acaso, a que la luz de su amor no se apague nunca? Al oro no le afectan el aire, la humedad, ni la mayoría de los disolventes ni corrosivos, ¿y no aspiran también los amados a que su amor no se vea afectado por la rutina, la indiferencia, la acedia o la apatía? El oro es el más maleable y dúctil de todos los metales, ¿y no aspiran los amados, por su parte, a que su amor sobreviva a los golpes e infortunios, siendo ellos mismos condescendientes y dóciles el uno para el otro? Finalmente, y para no extender la lista hasta sus detalles, el oro es buen conductor de electricidad y temperatura, ¿y no aspiran, me pregunto, los amantes a que su amor sea un canal limpio que comunique la vitalidad y la pasión?  Pues bien, esto que los amantes desean para su propio amor, el amor de Dios ya lo posee en calidad infinita. Por eso cuando se piensa en construir para Dios se piensa inmediatamente en oro, no porque ostente poder o riqueza, sino porque refleja mejor el amor maravilloso de Dios.

  Así, los esposos cristianos cada vez que observen el redondo anillo de oro en su dedo, deberán recordar no solo el símbolo de la unidad, sino el símbolo de la santidad, es decir, la aureola. No es casualidad que la palabra oro y la palabra aureola posean la misma raíz. No es casualidad que la santidad y el amor eterno provengan de la misma fuente.


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